El problema no es presentar. Es no perder ninguno.
Presentar un 303 sabe hacerlo cualquiera de tu equipo. Es un rato de trabajo y un programa que ya tienes. Lo difícil es otra cosa: saber, el día 12, cuáles de tus ciento ochenta clientes van a llegar al día 20 y cuáles no.
Esa información existe en todos los despachos. Lo que cambia es dónde vive. Normalmente en una hoja de cálculo que actualiza una persona, con pestañas por trimestre y colores que solo entiende quien los puso. A veces en un cuaderno. Casi siempre, en parte, en la cabeza de quien lleva cada cliente.
Funciona hasta que deja de funcionar. Y deja de funcionar de tres maneras conocidas: alguien se va de vacaciones y su cartera se queda a ciegas, entra una persona nueva y tarda meses en enterarse de cómo va la cosa, o el despacho crece treinta clientes y la hoja se convierte en un documento que nadie se cree.
El coste de eso no es el plazo que se escapa una vez al año. Es el tiempo diario que se va en preguntar. «¿Este ya lo has mandado?». «¿Te ha llegado lo de los bancos de febrero?». «¿Quién lleva ahora a este cliente?». Media hora al día por persona, todos los días.
El año fiscal de un despacho, visto de lejos
Si dibujas la carga de un despacho a lo largo del año, no sale una línea recta. Salen cuatro picos y dos montañas.
Enero es el peor mes y no se parece a ningún otro: encima del 4T de IVA y de retenciones caen los resúmenes anuales, el 390 y el 190. Y los resúmenes anuales tienen una propiedad incómoda: obligan a que cuadre todo lo que se ha ido presentando durante el año. Si en el 2T se coló un error, aparece en enero, con el mes ya cargado.
Febrero trae el 347, que es distinto a todos los demás porque depende de terceros. Tú declaras lo que ves y el otro lado declara lo que ve, y cuando no coincide llega el requerimiento meses después.
Abril, julio y octubre son los trimestres. Y julio no es un trimestre normal: para las sociedades con ejercicio natural, el Impuesto sobre Sociedades cae en la misma semana. Es la peor concentración del año después de enero, y llega justo cuando media plantilla está de vacaciones.
Nada de esto es nuevo para ti. Lo interesante es lo que implica: el problema de un despacho no está repartido, está concentrado. Y la herramienta que necesitas no es la que te ayuda un martes cualquiera, sino la que aguanta el 18 de enero.
Los modelos que Taskavi genera solo
Activas los que le tocan a cada cliente y las tareas del ejercicio se crean con su fecha. Estos son los del catálogo, con lo que hay que tener presente de cada uno.
IVA — autoliquidación
Cuándo: Trimestral, hasta el día 20 del mes siguiente al trimestre. El 4T, en enero.
Quién: Casi toda tu cartera con actividad. Mensual para quien está en SII, REDEME o supera el umbral de gran empresa.
IVA — resumen anual
Cuándo: En enero, referido al ejercicio anterior.
Quién: Con carácter general, quien presenta el 303. Hay supuestos de exoneración: conviene tenerlos marcados cliente a cliente y no de memoria.
Retenciones de trabajo y actividades
Cuándo: Trimestral, hasta el día 20. Mensual para grandes empresas.
Quién: Cualquier cliente con nómina o que reciba facturas de profesionales con retención.
Resumen anual del 111
Cuándo: En enero.
Quién: Quien haya presentado 111 durante el ejercicio. Es el modelo que cuadra —o no— con lo declarado trimestre a trimestre.
Retenciones por alquiler de local
Cuándo: Trimestral, hasta el día 20.
Quién: Clientes que pagan alquiler de inmueble urbano para su actividad. Es de los que más se olvidan al dar de alta a un cliente nuevo.
IRPF — pago fraccionado
Cuándo: Trimestral, hasta el día 20. El 4T, en enero.
Quién: Autónomos en estimación directa que no tengan la mayoría de sus ingresos con retención.
Operaciones con terceros
Cuándo: En febrero, referido al año anterior.
Quién: Quien haya superado los 3.005,06 € con un mismo tercero. El modelo que más discrepancias genera, porque depende de que el otro lado declare lo mismo.
Impuesto sobre Sociedades
Cuándo: 25 días naturales después de los seis meses siguientes al cierre. Para ejercicio natural, el 25 de julio.
Quién: Sociedades. Es el vencimiento que cae en la peor semana del año, justo con el 2T encima.
Las fechas de arriba son las generales. Los supuestos particulares —periodicidad mensual, exoneraciones, ejercicios partidos— se configuran por cliente, que es donde de verdad viven las excepciones de un despacho.
Qué hace Taskavi con tu calendario
Los vencimientos se crean solos
No hay que copiar el calendario de la AEAT a mano cada enero, ni duplicar la pestaña del año pasado y cambiar las fechas. Marcas qué modelos lleva cada cliente una vez, y el ejercicio entero aparece repartido en tareas con responsable y fecha. Los días de antelación del aviso los decide cada despacho: hay quien quiere saberlo con quince días y quien con cinco.
Las fechas cuentan los festivos de tu comunidad
Fines de semana y festivos, autonómicos incluidos según la comunidad que configures. Parece un detalle menor y es de los que más ruido quitan: un vencimiento mal colocado en el calendario hace que el equipo desconfíe de todos los demás. Además avisa cuando se acumulan demasiados vencimientos el mismo día, que es exactamente cuando se escapa uno.
Una presentación no se cierra sin justificante
Marcar «hecho» sin adjuntar el justificante no es posible. Ni desde la tarea, ni cerrando varias en bloque, que es por donde se colaría. Suena rígido y es deliberado: el estado de una tarea deja de ser una opinión y pasa a ser un hecho con prueba. Cuando en octubre llega un requerimiento por algo de febrero, el justificante está donde tiene que estar.
Vista mensual y vista por trimestre
La cuadrícula del mes sirve para el día a día. La lista por trimestre, con su porcentaje de avance, sirve para lo otro: saber el día 12 si vas bien o si hay que reorganizar la semana. Son dos preguntas distintas y necesitan dos vistas distintas.
El checklist mensual, que es lo que sustituye al Excel
Antes de presentar hay que tener los papeles. Y perseguir papeles es, en horas, el trabajo más caro de un despacho: el que no se factura y el que nadie quiere hacer.
Taskavi lo pone en una rejilla por cliente y mes. Facturas recibidas, emitidas, bancos, cuota de autónomo, nóminas: una columna por concepto, y los conceptos los define cada despacho, porque los de una asesoría fiscal pura no son los de una que lleva también laboral.
Lo interesante no es la rejilla, es de dónde saca cada casilla su estado, porque ahí es donde los Excel se rompen. El orden es este:
- No aplica, si el cliente no tiene expediente de esa área. Un cliente sin laboral no entrega nóminas, así que su casilla no puede salir como pendiente. Es la diferencia entre una rejilla que se mira y una llena de falsos pendientes que nadie mira.
- Recibido, si hay un documento subido para ese concepto y ese mes. Esto manda sobre cualquier marca a mano: si el papel está, el papel está.
- La marca a mano, para lo que no entra por la plataforma. Lo que te dieron en papel, lo que viste en el banco, lo que el cliente te confirmó por teléfono.
- Pendiente, si no hay nada de lo anterior.
Solo se guarda la excepción y el dato pegado al documento. Lo demás se deduce cada vez que se mira. Es una decisión de diseño con una razón muy concreta detrás: si guardas el estado además de los datos que lo producen, un día discrepan. Y el día que discrepan, la rejilla deja de servir para siempre, porque ya nadie sabe cuál de los dos números es el bueno.
Cuando llega el requerimiento
Un requerimiento nunca llega por lo de esta semana. Llega por algo de hace ocho meses, y casi siempre por un 347 que no cuadra con lo que declaró el otro lado.
En ese momento la pregunta no es «¿lo presentamos?». Es «cuándo, quién y con qué». Y esa respuesta, en la mayoría de los despachos, está repartida entre un correo, una carpeta de red y la memoria de alguien que igual ya no trabaja allí.
Con el justificante pegado a la tarea y la auditoría de los cambios de estado, eso se responde mirando. Quién cerró la tarea, qué día y con qué documento adjunto, sin poder reescribirlo después.
No evita el requerimiento. Convierte media mañana de arqueología en dos minutos, y quita de encima la duda incómoda de si aquello se llegó a presentar de verdad.
Quién lleva qué, sin reunión de estado
Un semáforo por cliente y expediente. Verde, ámbar, rojo, con el criterio puesto por el despacho. De un vistazo sabes quién va al día, quién necesita ayuda y dónde hay que meter mano.
Y cada persona ve su carga real, no una lista genérica. Esto tiene un efecto que no se ve al principio: las reuniones de estado dejan de hacer falta. No porque estén prohibidas, sino porque nadie tiene nada que preguntar en ellas.
Cuando entra alguien nuevo al despacho, la diferencia es todavía más clara. Hoy, ponerle al día significa que otra persona le cuente de memoria cómo va cada cliente. Con la cartera en una pantalla, se sienta y lo ve.
Hay además un efecto menos evidente y bastante más valioso: cuando la carga real de cada persona está a la vista, las conversaciones incómodas del despacho cambian de tono. Repartir clientes deja de ser una negociación entre impresiones y pasa a ser una decisión sobre números que todos ven igual.
Qué no hace, para que no haya sorpresas
Esto va aquí arriba y no en la letra pequeña, porque es lo que decide si Taskavi te sirve o te hace perder media hora en una llamada.
No presenta a la AEAT ni prepara el borrador del modelo. No sustituye a tu programa de confección, y no pretende hacerlo: ese trabajo ya lo tienes resuelto.
No exporta a A3, Sage ni Wolters Kluwer. Si lo que buscas es un puente contable, no es esto.
No recoge documentos por email ni por WhatsApp, y no hace OCR de fotografías. Los documentos entran por la plataforma o se marcan a mano.
Lo que sí es: el control de encima. Quién lleva qué, para cuándo, qué falta y con qué pruebas. La capa que hoy está repartida entre un Excel, un calendario y tres conversaciones.
Cómo se pone en marcha sin parar el despacho
La objeción razonable a cualquier herramienta nueva no es el precio. Es el mes que se pierde metiendo datos mientras el trabajo sigue entrando.
Aquí el trabajo de arranque es acotado y se hace una vez: dar de alta la cartera, decidir qué áreas lleva cada cliente —fiscal, contabilidad, laboral— y marcar qué modelos le tocan. Eso último es lo que más se tarda, y es también lo que más se agradece: es la primera vez que ese conocimiento sale de la cabeza de alguien y queda escrito.
A partir de ahí el ejercicio entero se genera solo. Y hay una consecuencia que no se ve hasta que pasa: revisar esa lista cliente por cliente destapa cosas. El que lleva dos años pagando alquiler de local y nunca tuvo activado el 115. El que dejó de ser sociedad y sigue con el 200. Ese repaso, por sí solo, suele pagar el arranque.
Lo sensato es empezar por un trimestre y una parte de la cartera, no por todo de golpe. La rejilla del mes se entiende en cinco minutos, así que la resistencia del equipo suele ser mucho menor de lo que se teme.
La IA va con tu clave, y eso cambia las cuentas
Buscas cualquier documento de un expediente por lo que dice, no por cómo se llama el fichero. Y preguntas al asistente sobre ese expediente concreto, con sus documentos como fuente.
La diferencia está en de quién es la clave. Taskavi funciona con la tuya —OpenAI, Anthropic, Gemini, Azure o Copilot—, así que el consumo va a tu cuenta y lo ves tú.
Eso tiene dos consecuencias prácticas. La primera es de dinero: no hay un margen de IA escondido en la cuota, porque la plataforma no adelanta ese coste. La segunda es de control: eliges tú a qué proveedor va cada consulta, que en un despacho que maneja documentación fiscal de terceros no es una preferencia técnica.
Y si un mes no quieres usarla, no la usas. El resto sigue funcionando igual: el calendario, el checklist y el reparto no dependen de la IA para nada.